En marzo del 2020 se dio el primer contagio de COVID-19 en el Perú. Nadie en el mundo había vivido una pandemia, y la información disponible era limitada y cambiante. En ese momento esto era lo que se conocía:

La Organización Mundial de la Salud (OMS) basaba sus recomendaciones en la mejor evidencia disponible, lo que resultaba en guías provisionales y, en ocasiones, consejos que luego cambiarían. Por ejemplo, en una conferencia de prensa de abril de 2020, el jefe de la OMS incluso no recomendó el uso extensivo de mascarillas a toda la población.

Ante la inminente llegada del virus y la debilidad del sistema de salud (baja capacidad hospitalaria), el confinamiento se vio como una medida necesaria. En el MEF, nos preparamos para proteger la economía, conversando con el BCRP y la SBS sobre potenciales acciones. Para apresurar la respuesta sanitaria, se trajo a la mesa a unidades ejecutoras no necesariamente de Salud (como Perú Compras y la Autoridad de Reconstrucción con Cambios).

El centro de capacitaciones del Ministerio de Economía y Finanzas —un edificio moderno, ubicado a pocas cuadras de Palacio de Gobierno y adecuado para garantizar el distanciamiento social— se convirtió en un verdadero núcleo estratégico durante los meses más críticos. Allí, mientras el Consejo de Ministros sesionaba de forma ininterrumpida, se llevaron a cabo reuniones clave: desde coordinaciones para el pago de los bonos —a cargo del MIDIS y el MTPE— hasta las negociaciones con las clínicas privadas para concretar el convenio de intercambio prestacional con el SIS.
Copyright © 2025 Las Verdaderas Pruebas - Todos los derechos reservados.
Usamos cookies para analizar el tráfico del sitio web y optimizar tu experiencia en el sitio. Al aceptar nuestro uso de cookies, tus datos se agruparán con los datos de todos los demás usuarios.